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Francia investiga a Facebook

París rechaza las explicaciones de la compañía y anima a los usuarios a denunciar la publicación de datos privados

Facua lleva el caso a la agencia de datos española

 

El Gobierno francés reaccionó ayer con mano de hierro al supuesto fallo de Facebook. La ministra delegada para la Economía Digital, Fleur Pellerin, animó a los usuarios de la red social que se sientan afectados por la publicación de antiguos mensajes confidenciales en la parte pública de sus cuentas a que demanden a la compañía. Aunque la dirección de Facebook niega que se trate de un agujero en la seguridad, Pellerin recordó que los usuarios que tengan dudas pueden “cancelar sus cuentas por precaución”, y que los que se sientan “perjudicados” pueden “presentar una denuncia”.

La empresa de Palo Alto (California) se reunió ayer con la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL) francesa y afirmó que estaba “encantada” de poder dar su versión. Pero el regulador galo no quedó satisfecho con las explicaciones y afirmó que es preciso realizar investigaciones complementarias para determinar si Facebook ha convertido en públicos mensajes privados.

La CNIL pareció en todo caso echar un capote a Facebook al afirmar que “la generalización de la nueva herramienta Timeline (la historia de la actividad de la cuenta) ha facilitado el acceso a los mensajes antiguos”, lo cual “ha creado confusión en unos usuarios que son cada vez más conscientes de la necesidad de proteger su privacidad en línea”. La última versión de Facebook, cuya implantación en Europa terminó hace escasos días, tuvo como consecuencia la publicación de mensajes inicialmente privados publicados en el muro, una zona que tras el cambio es accesible.

La ministra Pellerin acusa a la compañía de “falta de transparencia”

La noticia de la posible fuga de privacidad fue adelantada por el rotativo gratuito Metro, que afirmaba que los mensajes privados de los años 2007, 2008 y 2009 se habían colgado por error en los perfiles públicos de algunos usuarios y eran visibles por terceros. Cuando la información se extendió como la pólvora por Twitter, con testimonios procedentes de Francia y otros países, un portavoz de Facebook Francia negó “todo fallo de seguridad en los datos privados”, y explicó que “una minoría de usuarios se había inquietado al ver mensajes que creían privados sobre su diario de actividad”. Añadió que los ingenieros de la compañía habían confirmado que “los mensajes en cuestión son antiguas publicaciones que ya estaban visibles en los muros”. El ministro para la Recuperación Industrial, Arnaud Montebourg, y la propia Pellerin han acusado a la compañía de “falta de transparencia” en una nota oficial. Entrevistada en la televisión I-Tele, la ministra dijo además que los argumentos de Facebook no eran “muy convincentes”, y añadió: “La dirección no ha sido capaz de dar la menor explicación sobre lo que sucedió. Reina la incertidumbre más absoluta”.

Tampoco han convencido las explicaciones de la red social a la asociación de consumidores Facua en España. Rubén Sánchez, portavoz de la organización, confirma que desde la noche del lunes están recibiendo “un número creciente” de quejas de usuarios. “Nos dicen que conocen Facebook y que están absolutamente convencidos de que esos mensajes eran privados”, asegura. Por eso Facua hizo una petición por escrito ayer por la tarde a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) para que abra una investigación que esclarezca si efectivamente se ha vulnerado el principio de seguridad de datos. “Algunos correos electrónicos que nos están llegando con pantallazos contienen datos íntimos y comprometidos, y no debemos desechar el relato de esos ciudadanos”, añade Sánchez.

Las denuncias por difundir datos sin consentimiento se disparan en España

Fuentes de la AEPD aseguran que están “siguiendo” las informaciones sobre el tema, pero no pueden hacer ninguna valoración al respecto de momento. “No podemos prejuzgar”, dicen. Afirman que será cuando estudien las denuncias que les lleguen al respecto, entre ellas la de Facua, cuando investiguen y se pronuncien acerca de esta posible publicación de comunicaciones privadas.

En 2011 la AEPD ya investigó 288 denuncias relativas a la vulneración de la seguridad y la difusión de datos sin consentimiento en Internet. Esto supone un incremento de un 70 % respecto a 2010, cuando se estudiaron 168, según la memoria anual de este organismo. Este dato revela un mayor conocimiento de los ciudadanos sobre sus datos personales así como una creciente desconfianza en la seguridad y privacidad en la Red, dice el documento.

Fuente: El País

Jaron Lanier es uno de los más profundos pensadores sobre internet. Su tesis es que estamos en manos de monopolios opacos –Google, Facebook– que, a cambio de una vida mejor, nos han robado el alma, nuestra esencia humana. Somos sus títeres. En esta columna vamos hacia el fondo del asunto.

 

 

Sé que lo último que parece Jaron Lanier, y más con esas rastas y ese gusto por los instrumentos musicales propios de hippies, es ser sospechoso de nada. No es como Nicholas Carr, al que yo metería directo en la misma liga de místicos apocalípticos que al Vargas Llosa que vaticina la muerte de la cultura por culpa de internet. Lanier es uno de los nuestros, me repito de forma maniquea mientras leo su currículum, como si el mundo estuviera divido en dos bandos, buenos y malos. Por dios, él acuñó el término Realidad Virtual y ha imaginado otra forma de representarnos en este mundo y en otros. Ha currado en Atari, en Second Life y en una de las tecnologías más estimulantes que el sector de los videojuegos ha dado al mundo en los últimos años, Kinect. Pero es que durante la lectura de “Contra El Rebaño Digital” (editado por Debate y que ya parte de un título traducido de forma muy poco inocente: el original es “You Are Not A Gadget”) he sentido las mismas ganas de estrellar el libro contra la pared que me vienen cuando mi padre escucha a ese radiopredicador con frenillo. Es pura frustración. No estoy en contra de sus opiniones, allá cada cual: estoy en contra de sus argumentos y de las herramientas que usa para defenderlos, como la nostalgia, el cinismo y el miedo. Así que no es que no me haya gustado su libro, lo que no me gusta es su tono de iluminado, de alguien que ha venido del otro lado a avisarnos de los peores peligros imaginables.

Pero es imposible estar en contra de “Contra El Rebaño Digital” en su totalidad, y otros gurús de su misma altura, además del propio Lanier, ya han matizado su orientación apocalíptica. En su manifiesto hay tantas tesis, muchas desarrolladas, otras solo esbozadas, que uno acaba su lectura con la cabeza llena de ideas sobre por dónde escribir esta columna. Aquí van unas cuantas, relacionadas con su intención de retirar la máscara de salvadores a empresas como Google o Facebook, que supuestamente nos hacen la vida más fácil con sus servicios gratuitos.

 

Como imponer verdades en la era digital.

 

 

 En todas las culturas se producen conceptos que terminan convirtiéndose en normas, en estándares aceptados como indiscutibles, cuando no en evidentes. En la cultura digital, Lanier plantea que la tecnología y el software permiten ahora que ciertas ideas se asienten en la sociedad con más presencia o fuerza que en otras épocas en las que no contábamos con esta tecnología ni este software. Es lo que denomina anclaje y su ejemplo, como otros que utiliza en su libro, tiene que ver con la música, otra de las pasiones y dedicaciones de Lanier: se trata del MIDI, un sistema concebido para representar las notas musicales en un entorno informático. A pesar de sus grandes limitaciones, de que no puede “describir las expresiones sinuosas y fugaces que puede lograr un cantante o un saxofonista” (“solo podía describir el mundo en mosaico de teclista, no el mundo en acuarela del violín”, ilustra Lanier), ha terminado convirtiéndose en el sistema estándar para representar la música en un software. Hoy no es posible escapar de él. Llevando esto al terreno de lo filosófico, Lanier teme que, de la misma manera, las redes sociales, Google y la llamada web 2.0 termine representando al ser humano en la red de una manera esquemática y pobre, o al menos, con mucho menos potencial del que esconde la naturaleza humana. “¿Pueden las personas reales terminar en convertirse en personas MIDI, definidas y limitadas a lo que puede representarse en el ordenador?”, se pregunta. Una personalidad compleja y llena de matices reducida a un avatar plano en 2D definido a través de un formulario (seleccione sus gustos de entre los siguientes campos) y visible por los demás en un solo vistazo.

Personalidad digital = personalidad reducida.

En el fondo, lo anterior es algo que ya ocurre. Como recuerda Lanier a la hora de hablar de Facebook, “el reduccionismo de la persona siempre ha estado presente en los sistemas de información. Cuando llenas tu declaración de impuestos tienes que declarar tu estado de forma reduccionista. Tu vida real está representada por una serie ridícula y falsa de entradas en una base de datos para que hagas uso de un servicio de una forma aproximada”. En un “acto igualmente reduccionista” como crear un perfil en una red social (profesión, estado civil, residencia), “la reducción digital se convierte en un elemento informal que media entre tus nuevos amigos. Eso es nuevo. El gobierno era famoso por su impersonalidad, pero en un mundo pospersonal eso ya no supondrá una diferencia”. Es decir: esta reducción de la vida a partir de pocas variables es lo que se difunde entre los amigos, lo que se comunica, y lo que termina convirtiéndose en verdad. Es una degradación basada en un error filosófico, en su opinión: la creencia en que los ordenadores pueden representar el pensamiento humano o las relaciones humanas, cuando en realidad son cosas que las máquinas de hoy en día no pueden hacer. Lanier pide a programadores y tecnólogos como él mismo un poco de humildad en este sentido: “No entendemos el cerebro tanto como para comprender fenómenos como la educación o la amistad a partir de una base científica. De modo que cuando recurrimos a un modelo informático para representar el aprendizaje o la amistad en situaciones que impactan en la vida real, estamos apoyándonos en definitiva en la fe. ¿Cómo podemos saber lo que estamos perdiendo?”.

 

 

Nosotros, nuestra vida, es el verdadero negocio en la red.

Cuidado, porque aquí viene un hostión en la cara: “Ese artificio, la idea de la falsa amistad [en las redes sociales], no es más que es una carnada dejada por los señores de las nubes para atraer a los hipotéticos anunciantes –podríamos llamarlos anunciantes mesiánicos– que tal vez aparezcan algún día”. Según Lanier, las esperanzas de miles de empresas de Silicon Valley es que compañías como Facebook estén recopilando información valiosa sobre todos nosotros para darle a los anunciantes lo que más desean (y más les cuesta conseguir): una audiencia potencial de consumidores segmentada por edad, gustos, residencia o estado civil, a la vez que un feedback igualmente valioso sobre marcas y costumbres de consumo. El problema es ético, como se vio con el proyecto Bacon en 2007: “Se trataba de un programa impuesto de repente y que era difícil de rechazar. Cuando un usuario de Facebook hacía una compra en internet, el acto se transmitía a todos los llamados amigos de su red. El objetivo era hallar una forma de presentar la presión de grupo como un servicio que se podía vender a los anunciantes […]. Las vidas comerciales de los usuarios de Facebook ya no les pertenecían”. Según recuerda Lanier, la idea fue “un desastre inmediato” y provocó “una revuelta” de usuarios que hizo que Facebook se echara para atrás. Obviamente, el interés por invertir y sacar dinero de las redes sociales sigue adelante (hoy mismo, podemos conectar nuestra cuenta de Amazon, por ejemplo, a Facebook para que nos recomiende regalos el día de nuestro cumpleaños en función de los “me gusta” que hayamos hecho o a otras cuentas como PlayStation Network para informar a nuestros amigos de las compras que hemos hecho), y el futuro sigue pasando por encima de nuestra intimidad. “Desde el punto de vista comercial, la única esperanza de dichos sitios es que aparezca una fórmula mágica para que se vuelva aceptable un método de violar la privacidad y la dignidad”. Y lo peor es algo que Lanier no imaginó: nuestras cuentas en Facebook o Twitter están interesadas en saber qué sitios visitamos cuando no estamos dentro de ellas, de ahí la aparición de políticas como ‘Do not Track’, disponible en Firefox, que impide que tus movimientos en la red sean rastreados mientras usas el navegador, y al que se ha sumado Twitter (Google y Microsoft también se han comprometido; Facebook no dice ni mu). Por ahora, tenemos la justicia de nuestra parte: hace unos días, Facebook se vio obligada a pagar cerca de 8 millones de euros a un grupo de usuarios por incluir información personal como publicidad bajo el nombre de “historias patrocinadas”. Puede que no sea tan lejano ese momento en que Coca-Cola esponsorizará nuestra comentario diario sobre qué hemos comido. Y cuidado con darle a “me gusta”, o formarás parte de la cadena.

 

Las campañas de publicidad sirven, por reglar general, para comunicar el mensaje de una marca, para darla a conocer. Aunque también pueden emplearse para atacar al competidor. La empresa de relaciones pública Burson-Marsteller ha instigado una campaña anti Google en distintos medios que había sido contratada por Facebook.

La gran rivalidad entre estas dos compañías ha llevado a Facebook a instigar una campaña clandestina de descrédito contra Google, según recoge el diario ‘The Daily Beast’ Una guerra sucia con una mecánica sencilla: Burson-Marsteller se ponía en contacto con reputados periodistas para que investigaran supuestas denuncias de violación de su privacidad por parte de la red de contactos de Google Social Circle y publicaran noticias negativas contra el buscador de internet.

Se especula con que esta herramienta de Google, que permite a un usuario interactuar con sus contactos -ver las búsquedas que han recomendado, críticas de música o cine, etc.-, será de la que parta la compañía del buscador para hacer frente al gigante de las redes sociales en su terreno. El problema, segun lo planteaba esta campaña anti Google, es que no sólo recupera información de contactos, sino de los contactos de éstos. Es decir, utiliza información de terceros que pueden ser ajenos al usuario para mostrar información relevante.

La estrategia se mantuvo en pie hasta que un bloguero se negó a esta invitación y, además, decidió hacer públicos los correos electrónicas que había recibido de Burson-Marsteller. En un primer momento no se conocía el nombre de la empresa que estaba detrás de esta campaña. Se especulaba con Apple o Microsoft, también rivales de Google. Es ‘The Daily Beast’ quien da el nombre de Facebook.

La propia empresa lo ha confirmado a través de un portavoz, que ha defendido su manera de actuar argumentando dos razones: en primer lugar porque creen que Google está haciendo algunas cosas en internet que plantea problemas de privacidad y, en segundo lugar, porque Facebook no quiere que Google use datos suyos para potenciar su red social.

ELMUNDO.es | Madrid

Adiverte de casos registrados en los últimos meses como ‘Street View’ o la red social ‘Buzz’ de Google, que incorporó sin consentimiento a los usuarios de ‘Gmail’ como participantes

El director de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), Artemi Rallo, ha alertado en el Congreso de que grandes empresas de Internet como Google o Facebook “han cruzado varias líneasrojas” en cuanto a los derechos de privacidad de millones de usuarios, que han llevado a la agencia a iniciar en los últimos meses diversas investigaciones.

En su comparecencia en la Comisión Constitucional del Congreso, Rallo, ha advertido de casos registrado en los últimos meses como y ha citado como ejemplo el de ‘Street View’ o la red social ‘Buzz’ de Google, que incorporó sin consentimiento a los usuarios de ‘Gmail’ como participantes de esa nueva red social, y les asignó como ‘seguidores’ a personas con las que mantenían correspondencia más frecuentemente a través del correo electrónico. “Todo ello sin informarles adecuadamente”, ha puntualizado.

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Crecen las reclamaciones de los ciudadanos y de la Agencia de Protección de Datos que piden que se elimine información en redes sociales o hemerotecas, mientras Europa y España cambian sus leyes

Europa vive la fiebre del derecho al olvido en Internet desde hace semanas. El pasado 16 de marzo, la comisaria de Justicia, Viviane Reding, anunció que antes del verano presentará una propuesta legislativa para protegerlo en las redes sociales.

El objetivo es que los usuarios puedan exigir a empresas como Facebook que borren completamente sus datos personales o fotos cuando se den de baja en el servicio. Además, el próximo 25 de mayo vence el plazo para que España se adapte a la Directiva de tratamiento de datos personales. La postura de la Agencia Española de Protección de Datos sobre estos asuntos es más conservadora que la de la UE, según muestra en sus resoluciones.

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